Imaginemos que tenemos que tomar una decisión en nuestro negocio. Supongamos que trabajamos hace años en el rubro de la gastronomía y llegó la oportunidad de abrir un nuevo restaurante en un barrio muy concurrido en la ciudad de Buenos Aires. Ese barrio nos trae hermosos recuerdos porque cuando éramos estudiantes universitarios solíamos salir a tomar cerveza por esa zona después de los exámenes.
Vamos a visitar algunos espacios para alquilar y enseguida nos convencemos de que allí tenemos que abrir nuestro restaurante. Nada puede salir mal, hay muchos restaurantes por la zona y muchas personas caminan por esas calles diariamente. No lo pensamos demasiado y al poco tiempo ya estamos poniendo todo a punto para la apertura.
¿Qué crees que puede llegar a pasar si tomamos una decisión de este estilo basándonos únicamente en lo que relatamos hasta aquí? ¿Crees que hace falta información? ¿Cómo tomarías tú esta misma decisión?
Las personas tomamos más de 35.000 decisiones al día. Esto ha llevado a ubicar a la especie humana como una especie racional por naturaleza. Sin embargo, la realidad es que la mayor parte del tiempo no estamos tomando decisiones basadas en la lógica y la razón. Las personas tendemos a tomar decisiones sin pensar demasiado. Guiándonos por la intuición, las sensaciones y las experiencias conocidas.
Por ejemplo, en el caso anterior, te cuento como termina la historia: no tuvimos en cuenta que el 70 % de los locales gastronómicos de la zona ofrecen comida rápida y nosotros nos especializamos en comida italiana. Las personas que visitan el barrio, son estudiantes que suelen comer rápido entre los horarios de clase y buscan opciones económicas. Al poco tiempo de la apertura, las ventas no alcanzan para cubrir los costos fijos y nos vemos obligados a cerrar el local.
Este ejemplo es un poco burdo, pero es para que podamos entender de buenas a primeras cómo en muchas oportunidades las personas caemos en sesgos cognitivos, es decir, interpretamos erróneamente la información disponible y tomamos decisiones en base a nuestros sentimientos y asociaciones en lugar de hacer un análisis lógico y racional.
En el ejemplo, nos guiamos por nuestros recuerdos y buenas experiencias en el lugar para tomar la decisión sin tener en cuenta datos concretos cómo el tipo de público y la oferta gastronómica que había en el lugar.
Este concepto de sesgo cognitivo fue introducido por el psicólogo ganador del premio nobel de economía, Daniel Kahneman. Este autor afirma que la probabilidad de que algún sesgo cognitivo influya en nuestro comportamiento es alta, y por cierto, ocurre con toda naturalidad la mayor parte del tiempo.
Para explicar cómo funciona nuestro cerebro al momento de tomar decisiones, el autor nos habla de dos sistemas de pensamiento: el sistema 1 y el sistema 2. En el artículo de hoy, vamos a hablar de estos sistemas de pensamiento y cómo podemos hacer un uso consciente del sistema 2 para evitar los sesgos cognitivos y tomar mejores decisiones en nuestros negocios.
¡Comencemos!
¿Qué son los sistemas de pensamiento 1 y 2?
Sistemas de pensamiento para tomar mejores decisiones
En su libro “Pensar rápido, pensar despacio” Kahneman presenta a estos dos sistemas de pensamiento como si fuesen dos personalidades distintas para demostrarnos cómo suele operar nuestro cerebro al momento de tomar decisiones.
El sistema 1 es instintivo. Utilizamos este sistema de pensamiento el 95 % del tiempo y se caracteriza por ser rápido, de asociación, en piloto automático. Por ejemplo, utilizamos este sistema de pensamiento cuando tenemos que contestar mails, hacer una presentación en nuestro trabajo, asistir a una reunión o atender a nuestros clientes.
Por el contrario, el sistema 2 de pensamiento es el sistema más racional. No responde a nuestra intuición sino que es lento y requiere más análisis y esfuerzo. Por naturaleza, nuestro cerebro intenta responder utilizando el sistema 1 de pensamiento, es decir, busca atajos mentales para dar respuesta a una situación sin hacer demasiado esfuerzo.
Volvamos al ejemplo del principio. Claramente en este caso, nuestro cerebro debería haber hecho uso de un análisis más profundo para evitar caer en el sesgo cognitivo. En términos de Kahneman tomamos la decisión de abrir el restaurante siendo presos de una heurística afectiva. Es decir, con escaso razonamiento y deliberación, guiándonos por los sentimientos de agrado y desagrado: “Este barrio me gusta, me trae buenos recuerdos por lo tanto el restaurante va a ser un éxito”.
El problema está en que esta forma de pensar, muchas veces nos hace tomar malas decisiones. Necesitamos del pensamiento de tipo 2 para no saltar de lleno a la acción y poder analizar las situaciones con mayor perspectiva, sobre todo cuando se trata de decisiones que van a generar un impacto en nuestro negocio.
Ser conscientes de esto, nos ayuda a evitar caer en el sistema 1 al que naturalmente nos va a conducir nuestro cerebro y poner en acción al sistema 2 que requiere mayor esfuerzo y concentración pero que, sin duda, nos ayudará a tomar mejores decisiones.
¿El sistema 1 es el que se equivoca?
Vamos a aclarar algunos mitos. No debemos pensar que nuestro cerebro está dividido en dos y que el sistema 1 es el que toma malas decisiones y el sistema 2 es el que toma buenas decisiones. Ambos sistemas son complementarios y ambos sistemas de pensamiento pueden cometer errores.
De hecho, si estuviésemos todo el tiempo utilizando el sistema 2 para tomar decisiones que no suponen un riesgo muy grande, como leer y contestar mails por ejemplo, necesitaríamos mucha energía mental y terminaríamos exhaustos. Nuestro cerebro es sabio a la hora de tomar ciertas decisiones en piloto automático.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que naturalmente intentamos buscar atajos mentales y esto puede ser sumamente riesgoso cuando se trata de decisiones que van a tener un impacto grande en nuestro negocio.
El truco está en aprender a hacer un uso estratégico del sistema 2 de pensamiento para poder resolver problemas y tomar decisiones que son de alto valor en nuestros negocios y también en nuestras vidas.
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